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domingo, 10 de agosto de 2014

MIGAS (Ayunado)

Manos de un Mendigo. Oswaldo Guayasamín

Colgados los hombres                  Al pan                   La boca bosteza               Cantan, se mecen          
Las piernas         Para ser apetecible        Unos     pocos    se encrespan                    Se hacen
Ovillos desnudos             Sudan  El esfuerzo          Mantenerse: fe de sacrificio      Comen
Entre tanto        Mientras sonríe                La boca                Se miran              Como espejos los hombres:
Hoyuelos de baba se preparan:                            Y harina y sudor               En algo es líquido lo apetecible
En algo es de beber la roca en que descansas                   En algo,                        …el vacío que persigues.


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viernes, 12 de octubre de 2012

MAGRO

Maet Fascism
http://markpowellart.com/gallery/dream-diorama-4

En la ventana, en el marco sólido de la alucinación durmieron. Montoncitos de pánico y temblor de líquido, suspiros de oscuro, témpanos de cuerpos coagulados.

Tenían que asolear los muertos cuando había ternura; entonces, inventaron dudas para decepcionarse: ...y recogían tristeza en cúmulos, amasándoles en forma de cariño para alcanzar a librarse del fétido sabor de la comida diaria.

Lloraban la obviedad del llanto, desnudos paseaban esa lluvia y contra los cristales empañados, pálidos, veían transitar sus dioses secos, como sueños reflejados en alguna súplica.


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sábado, 2 de junio de 2012

BOSTEZO


Las sustancias que habito son poblados de espuma. Redondos seres revientan en sus puertas y dejan hijos quietos prendidos de los picaportes, colgados de los dinteles, pensativos en los umbrales que les proponen nombres; quietos hasta que el viento solloza. Habito, he dicho, en este malvavisco que persiste en la boca, en la comisura de los labios cerrados para siempre, o abiertos para siempre; desapareciendo.                                                                          
           
           Cuántas cosas supone esta región de flácido y de botes, transparencias de sombras advertidas, burbujas de ideas que salen al trabajo, que se ajustan los botones como justificaciones para el conforme, para el de buen ánimo y para el terco que promueve sobres de cierto y de mañana, en la casa del sueño, en la dictadura de la esperanza.
Cosas como la que espero no dejar de dicha para reuniones y para cumplir las órdenes de disparo o de veneno; por ejemplo:

          “Algo, no del todo a gusto, exclama desde un hueco de su lugar de trabajo: eso es lo que dices, que me quieres, eso dices. Eso dices, que me quieres, cómo he de entenderlo.”

Por ejemplo:
          “Una pompa, más que cansada, aparece de tarde en la cima del bezo, los miembros arrastrados, mira al horizonte, suspira y dice: Mañana es un día como hoy, no hay duda, con eso el momento se hace tan largo como pueda. Se sienta y duerme.

Por ejemplo:
          “Conocen el jabón y se sorprenden, conocen la cerveza, los hocicos con rabia, el batido del chocolate, el golpe de la mar contra el peñasco, y pierden el hilo de sus vidas, se internan en cuestionamientos tan imposibles, brillan unos, otros simplemente deshidratan. Pasan años frente a esa realidad que les supera”.

           En fin, viene uno, vestido de baba, o de respiro, o de regüeldo, y apenas y sostiene la mirada en este panorama de aguas redondas detenidas. Crecen los infantes convertidos en porteros y organizan aquelarres en los marcos en que duermen, pero no dejan entrar a nadie. Temen, los inquilinos de esas habitaciones, llegar un día a perderlo todo porque apenas en la entrada de sus vidas, desplazados por un silencio de montones, no les permitan el paso, para siempre.
           Muchos, como yo, han llegado para quedarse, por lo tanto nunca salen de sus predios, limpian las ventanas diariamente, barren hasta el cansancio el porche, el jardín, la mediagua; limpian con fruición los escaleras, los vestíbulos, las aldabas en las que les gusta verse reflejados y brillantes, se humedecen el dedo con la punta de la lengua, lo frotan sobre el metal opaco, pulen, se miran a los ojos reflejados, pero no sonríen, podrían reventar y casi siempre les falta ajustar algunos botones. 

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miércoles, 21 de marzo de 2012

PULSO

Es este es el árbol, mamá,
este es el árbol.
Por este poro dañado de dios,
por este poro mal venido, madre, respiramos
Toda la culpa estuvo siempre respirando por sus venas de baba.

Cuál si no venganza y escozor era
la visión de todos los expulsados
Al verle menear su sarcasmo al viento.

Por este poro dañado de dios, madre,
regurgitan las tan bendecidas luces de natura
Y su vientre que nos es-pulso y ritmo de condenados.


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martes, 6 de diciembre de 2011

FINGIR

Casi no veo, casi no he visto
Libros
Casi no leo, casi no he leído
Música
Casi no toco,
Casi no he tocado
Yo puedo suponer y crear argumentos de bolsillo
Para ocasiones tristes en que el silencio
No se deja atrapar
Puedo hacerme retórica de tripas
O de fabulaciones
Más allá de las estrellas que me rodeen
Ese momento
De muerte
Y fingimientos
Yo no escribo
No sé
Escribir
No sabré
Nunca
Apenas y rayo el firmamento que me toca
Para que sea una excusa
Y tener que limpiar algo mientras
Espero
Limpiar algo
Digo
Yo no hablo
No sé hablar
Nunca he dicho mayor cosa

La única vanguardia posible es el silencio
Fingir: el único método.



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domingo, 5 de abril de 2009

DESCONOCIDA N°1

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DESCONOCIDA Nº 1


Foro

Hace un rato, sobre el borde del telón que esconde la estación de los ojos; móviles siempre, aparentes por esencia, se detuvo ella, aún sin querer aparecer de niña, con ese traje recogido del sótano, buscando con la punta de los dedos otra sensación en los encajes que se le deshacen en las manos.

Prólogo

Hace calor, están sudando. El techo dice cuando el director transita su angustia desde proscenio hasta atrás, hasta foro, hasta donde ella estaría llorando pero no hay nada. Pero no hay nada. La escena desierta y el telón de boca que se abre porque es la hora en punto. Pero hay nada.

Preludio

–¡Laura! –todo el silencio en el grito, todo el abismo en el vértigo.

­­Alguien tose. Los gonces de las puertas, los pasos, tantas piedras levantadas, el sonido del agua.

–¡Laura! ¡Laura! –al borde del llanto– los ojos te esperan sollozando.

Los ojos. (Primer Acto)

Creemos, en lo quieto e intrépido de la escena, que nada esconde ese azar entretenido; no obstante, suspirada, desde la sospecha secreta de ese vacío, aparece, asustada, llorosa, desnuda, tiemblan en sus manos, como las últimas plumas de unas alas, las hojas del libreto. Corre, corre hasta esconderse en estos ojos asombrados.

–¡Ooohhh! –en coro– después, tan lleno de ella todo el silencio, que hay quien se pierde, aplaude y se descubre solo, de pie, fascinado de incertidumbre.

Ella sonríe, solloza, sonríe, revolotean hasta el suelo las hojas del libreto, sobre ellas su cabeza, su cuerpo, lágrima absorbida por el texto. Desnuda duerme, parece, dentro de estos ojos descansa.

Acusmática (Distanciamiento)

–¡Señoras y señores!, es lamentable, lo sé, pero no ha podido el ser humano ponerse por encima de la fatalidad, y hoy la escena, aunque no trágica, ha resultado malograda.


Los lentes (Segundo acto)

Una luz plana se encendió allá. Ella Despierta, sin levantarse saca el libreto de debajo de sus sueños para cubrirse el rostro.

Un hombre de anteojos entra a escena; agitado, incumplido, tarde, cansado, hilarante. Reímos, ríe su incertidumbre de recién levantado. Corrige la inclinación de sus lentes que vuelven a deslizarse en el sudor. Reír. Grita.

–¡Silencio!

Tiene las manos juntas, entrelazadas como un gran puño que duerme sobre su vientre.

–¡Silencio! –repite.

Se está balanceando sobre los talones de madera.

–¡Silencio, por favor escuchen!

Es imposible, la risa nos hace, le hace ese sudor plano e imperceptible. La pista deslizante, los anteojos, la ansiedad, el desvanecimiento.

Las manos (Tercer acto)

El aplauso es un muro que se destroza, y tantas manos de escombro, producto de la risa: mano de la nada que empuja, caen sobre la escena. El hombrecito corre asustado, por fin ruedan por el suelo los anteojos frente a ella que, con su rostro de papel, busca, bajo esa montaña de aplausos se arrastra, tantea, estira sus manos ciegas hasta dar con las gafas, las toma, las pone ante sus ojos y, sacudiéndose los últimos aplausos nuestros, lee el libreto:

–…amaneceres remotos desde los que todos ustedes imaginan realizar el sueño de sus vidas: “No haber nacido”.

Alguien llora en el público, alguien y otro y otro más que traga sin probar.

–No lloréis –continua leyendo, alucinada en su desnudes herida por sollozos.

–No lloréis –repite– eso es todo, el llanto repite los silencios y, aunque muchos silencios permiten averiguar y hasta hacerse sospecha, un silencio generalizado acaba por borrarnos lo que el recuerdo no alcanza a nombrar, porque no es tiempo ni espacio: uno mismo.

Mientras su boca se abre con el eco de la “o” suicidándose en la comisura de sus labios, el telón se cierra con lentitud ingrávida y precisa como la oscuridad que nos susurra quedamente: –Fin.

Manos, unas contras otras, agitadas, cansadas y calientes, dando por entendido la satisfacción y el delirio.


Colofón

–¿Qué es esto? ¿Cómo permitir que esto pueda nombrarse de alguna manera?

Un alarido que se ahoga en el recinto iluminado entre voces ya desiertas y despedidas comentadas.

–¿No dirán mayor cosa? ¡No tiene nombre, no tiene nombre!




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miércoles, 25 de marzo de 2009

DESCONOCIDO Nº 1

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DESCONICIDO Nº 1

Mostración.

Míreme, dice, no le resultará complicado, la misma historia de siempre, nada cambiará el que alce la mirada; en el fondo, no dejará de mirarse a sí mismo. No estoy en frente suyo, en verdad no le recrimino. Allá persiste el mismo silencio de siempre y no han dejado de vernos como a un espejo; total, estamos encima de tanto sólido, no hay un solo instante de vacío que pueda servirnos para algún intento; quizás, si estuviéramos de pie por un momento, podríamos saber si hay un abismo bajo nosotros, imagínelo… De nada serviría, sólo la misma obsesión en la que no alcanza a traspasar el cuerpo.
¿Está sangrando? ¿Es sangre eso? Valdría la pena, pero sólo es sudor; además, la pena no cuesta, lo supe hace un rato, no hablaría de eso, dije, sin embargo hace calor y no hay forma de evadir el sacrificio aunque… todavía quedara por definir, ¿Usted cree?, dice, suspira.
Sacrificio, ese es uno de los rumores, que no se está aquí, lejos de ellos, sentado como una roca, si no fuera por esa búsqueda. Preocupante, dice, preocupante ese verbo. ¿Buscar. Lejos. Estar? En verdad os digo que no son la misma cosa. Estar, digo.
La mujer que está allá, tras el árbol, oculta más allá de su mirada desde donde me mira, tiene dos hijos, han estado juntos los tres, aquí, en frente; sólo una vez los acompañó su padre que permaneció sin mirarme todo el tiempo… desapareció días después llevándose su progenie. Sólo ella me mira, aquí, detenido, sólo ella como ninguno sobre lo sólido, sabe de mí; necesita saberlo, peo ya no puede más que mirarme, está ciega. Un vacío dijiste [ayer] mientras dormía, un vacío bajo nosotros, un vacío que nos permita un intento, un abismo bajo nuestros cuerpos erguidos… si pudieras caminar en su mirada


Phármakon.

Las sobras del veneno te han hecho sentir, mártir, que la temperatura no existe. Nos dirás cómo es eso; qué puedes pensar de las cosas cuando no arrastran ya ninguna estación íntima y el recuerdo tiene un vacío que se llena de sí mismo. Nos dirás, mártir, dónde ponemos el sueño que creímos cálido, uterino. Dinos cómo pudieron creer en el amor los siglos, y morir o enloquecer creyendo. Cómo mueren los grados, mártir, se queman o perecen ahogados de trágico frío.

***

Abajo. El silencio. Ciego por fin de todo lo aparecido. Oculta la verdad y muda la palabra. Se entierra. Debajo. Los ojos olvidados en su útil miseria. Libre silueta de tanta forma, ya absurda de su propia luz cerrada.

***

¿No es volar lo que adivinas? Has dejado un instante de fragmentos y ganas, y ahora te admites total e inmóvil… Apenas has logrado, es tu voz lo único… ¿Qué escuchas? Dite cómo has, otra vez, de provocarlo desde tu inmensa soledad ignara y eficiente.

***

No se recuerda la sombra
No puede hacerlo el silencio
El tiempo, a penas y alcanza

A recordarse recuerdo
El hombre haciéndose sombra

Dejándose ser silencio
Recuerda que se ha olvidado
Que es olvido del recuerdo.



Libración.

Lo que podría ser, lo que sería si no hubiésemos tenido razón suya, y una ignara profecía nos arrastrase a pensar que tirarse y dejarse caer se corresponden. Usted es el gesto que regresa antes del signo.
Lo que podría ser, lo que sería si no hubiésemos cerrado tanta distancia para verle donde siempre ha estado, y poder conocer, al fin, en su silencio, lo que tenía la sospecha y la espera y la pregunta.


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miércoles, 18 de febrero de 2009

X PERSONA

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X - PERSONA
1.
...es que, por ejemplo, no volvió, después de la fecha exacta se quedó sin venir y el árbol estuvo solo; tanto, que ya cuando pudo volver a verlo, no estaba.
Abrió la tierra por ahí, por donde se llega, se llegaba; estuvo exactamente el mismo tiempo, hasta advertir, según él, el cálculo.
Así las cosas, se puso dentro y empezó a querer florecer.
En esas... agua.
2.

Ya estando detenido, de pie o de espalda, hubo de autorizarse, sin más remedio y sin motivo, para lo que entonces podía ser conocido, o no, como posibilidad.
– ¡Acepto porque soy!.
Ni siquiera fue mito o felicidad.
Después pudo saberse que no había caso, que ya estaba detenido.
Ninguno alcanzó a llegar y, estando allí, la envidia le hizo ser... nada importó más.

3.

Si es, levantar la mano o decir yo o, por qué no, reír. No. Responder afirmativamente o hasta moviendo la cabeza; es más, con estilo, sin que alguno pueda percatarse, cerrar los ojos o mover con prudencia las cejas; una, si es el caso, al fin y al cabo es el turno lo que cuenta, lo disponible, el resto es memoria y, como delito, tan descartable que reír es respuesta, o desmayarse, o hacer que no es uno.
Indicio, sospecha, alarma de incendio. Pasan por el lado y huelen la puerta de pan.
Por eso lo mejor es siempre, aunque tiembles y enmudezcas, llevar reloj, siempre el punto, mayor o menor, será correspondiente, y es mejor saber qué hacer en esos casos.

4.

A pesar de todo y aún cuando era necesario, al menos algo, confesó. Dijo: – Tal vez. Y fue tan preciso (Tanto, hasta la ambiguedad) en el momento, en el tono, en el proceso de mirar hacia allá mientras pronunciaba esa síntesis, que nadie quedó satisfecho. Tosió, como es costumbre después de tal evento y se quedó mirando el horizonte ya desdibujado por tan cerca, por tan cierto.

5.

Inútil por ser. Utilidad. Posible del verbo, disponible de la nada y su orden (: Disposición), paredes de humo de los nervios, instrucciones de uso de lo voluntario, sentido de las huellas dispuestas y, si es el caso, maneras de ser de lo posible o posibles formas de no ser.

Inútil por ser. Suficiente. Entrada al afuera, inclusión de uno en no mismo o, si es el caso, exclusión de sí mismo en otro, permanente del supuesto, espera de la permanencia.

6.

Imperativo, se afirma, ¡Ay, Dios mío! Se posee allá, en lo ajeno. Sus columnas se hunden en el sol, parece, la estación última.


Metatempo

Pide tiempo, el tiempo, se pide; se agoniza tanto en cuentas inconclusas y adversarios digeridos y falta de sí mismo y el ya sin sabor de su espalda de mascar. Quiere ver el silencio que no tiene, el rato que le falta para dejar de siendo.

No es de esperar, no alcanza. Cuántos reflejos suyos le han olvidado desleídos en él, tan simples y quietos. Llega tarde: no se llega.



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